"Las pepenadoras" un juego de espejos
Anoche fui al teatro a ver “Las Pepenadoras” y fue una grata
experiencia, donde las actuaciones, la escenografía y los textos mismos me
fueron sorprendiendo. La dramaturgia de
Alaciel Molas es ágil y rica en metáforas, tiene esa poesía que da ojos a
aquello que está ciego (porque ante ciertos actos, a veces, unos prefieren
sacarse los ojos para no ver, como por ejemplo, el acto sexual de un padre
hacia una hija).
Supongo que hay gente
que cree al leer el título encontrará una historia real de pepenadoras que
trabajan en la ciudad de México, pero se alejan de lo que es esta puesta en escena.
¿Qué hace a esas dos mujeres en escena, pepenadoras? Son mujeres que, como como muchos, se rodean de desperdicios que van recogiendo
en el transcurso de su vida: pedazos de recuerdos (que ya no sirven), pedazos de sueños, pedazos de otras personas para construir un
nuevo hogar de ficción.
Francisca y
Ramona pepenan para recoger un nuevo
sentido para su vida, pues el sentido de
su realidad fue perdido anteriormente, sin embargo, lo que han construido es un
gran laberinto para encerrar a sus monstruos.
Y dentro del laberinto, los buscan y huyen de ellos al mismo tiempo.
Esta obra teatral presenta, de principio a fin, un espejo
frente a otro espejo: la ficción que muestra lo reflejado y a quien se refleja, sin saber quién es quién. Es un juego como aquel cuando uno intenta mirarse a sí mismo mirando
otra cosa, ¿pero dónde está colocado el yo?
Los personajes, Ramona y Francisca, son
hermanas, pero también pueden ser un yo que pelea con su otro yo, porque cada
uno desean cosas distintas: una, desea
que su padre nunca vuelva; y la otra, que
el padre abra la puerta que ella creó sobre la mesa. Las pepenadoras juegan a ser otras para poder confrontar o huir
de la realidad que carece de racionalidad.
Sin embargo, el fantasma del padre ahí está muy al interior y se aparece, como
en Hamlet, viniendo desde ella (s)
mismas y crea conflictos entre ellas.
La escenografía , conformada por ropa vieja que los personajes fueron pepenando o que pertenecieron a sus padres ausentes, cubre, bellamente, la verdad que poco a poco
ellas van desnudando. La iluminación de
Sebastián Solórzano juega un papel importante en la escenografía para meternos
en el mundo del sueño, de los pensamientos o del recuerdo.
La construcción actoral de Verónica Merchant y Lorena GLinz
es minuciosa y conmovedora. Aunque al
principio, me brincó la voz infantil de Lorena Glinz, poco a poco fui
entendiendo que se trataba de un juego, al cual sabe jugar muy bien. Crean una relación estrecha de hermanas de
amor- odio y nos llevan de la mano por esta historia sin soltarnos en ningún
momento.
En conclusión, es un montaje que vale la pena descubrir y
vivir. Ojalá puedan darse una
vuelta.
¿Dónde? Teatro Benito Juárez. Villalongín 15, colonia Cuauhtémoc.
¿Cuándo? Permanecerá hasta el 31 de agosto.
Horarios: Jueves y viernes 20 hrs. Sábados 19 hrs. Domingos 18 hrs.
Costos: 127 pesos, entrada general. 50% de descuento a estudiantes, maestros, militares e INAPAM.
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