fragmento de "El rey se Muere" de Eugene Ionesco
El Rey: Ya no sé lo que había en
derredor. Sé que estaba sumergido en un mundo, ese mundo me rodeaba. Sé que yo
era yo, pero ¿qué es lo que había, qué había?
Margarita: Aún te atan cuerdas que
no he desatado. O que no he cortado. Aún se agarran a ti manos que te detienen.
El Rey: Yo. Yo. Yo.
Margarita: Ese tú no eres tú. Son
objetos extraños, adherencias, parásitos monstruosos. El muérdago que crece
sobre la rama no es la rama, la hiedra que trepa sobre el muro no es el muro.
Te doblegas bajo el peso, esas balas de cañón que arrastras son las que te
impiden caminar. (Margarita quita las
balas invisibles; el rey se relaja) ¡Uf! ¿Cómo has podido arrastrar eso
toda una vida? Me preguntaba por qué estabas encorvado, y era por este saco (Finge arrojar lejos un saco).
El Rey (gruñendo): ¡No!
Margarita: ¡Pero déjame que haga lo
necesario! Sé bueno. Ya no necesitas defenderte. Nadie quiere más que tu bien:
espinas sobre tu manto y hojas húmedas y viscosas, Se pegan, se pegan. Las
despego, las suelto. El soñador se retira de su sueño. Ya te he liberado de
esas pequeñas porquerías. Tu manto es ahora más hermoso, tú estás más limpio.
Ahora, anda. Dame la mano, no tengas ya miedo, déjate deslizar, yo te detendré.
El Rey (tartamudeando): Yo.
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